miércoles, 11 de enero de 2012

Sueños con sabor a ron.

Forzadas lagunas en la mente.
Ríos de falsa indiferencia.
Baños y baños en mares de autoconsuelo.
Copas de ron cola para darme cuenta de que te deseo.


Curioso, parece que me ahogo en el alcohol, 
pero en mi copa recién puesta tan sólo quedan hielos.
Fría realidad que atemoriza a éste indigente de cariño. 
Es difícil actuar cuando el error más grande es mi mayor deseo. 
No son malos todos los marrones, 
y para muestra el marrón de tus ojos. 
Tu sonrisa la luna de mis noches, 
tu mirada el sol de mis días.
Duermo incluso mientras camino, 
para ver si así te encuentro.
Pero el día que te bese, lo haré con un ojo abierto, 
por si acaso ese beso fuera otro de mis sueños. 


lunes, 12 de diciembre de 2011

Todos somos creyentes.

A la espera con una sonrisa, besos en la recámara y un guión meditado y premeditado. 
Tú me dirías "¿Qué tal?" y yo respondería "Ahora que estás aquí, bien."
Entonces te vi entre la niebla de gente, miraste, y con una lejana sonrisa me acariciaste por dentro.
Estrechando la distancia paso a paso, paso a paso más cerca mi infarto por taquicardia.
No me quedaban dedos para pellizcarme, esta vez estabas ahí.
Cuando mis gestos de tonto ya no podía disimularse, empujado por el ron, me dirigí hacia ti.
Acalorado por estar cerca de un sol, rezando a esta nueva diosa, esperando ser perfecto, para alguien ideal, desarrollé una compleja frase la cual podría ser registrada en los anales de la seducción: "Hola...".
A lo que tú respondiste: "Ho-hola...".
Tus manos temblaban y luchaban por sujetar la que sería tu última copa aquella noche. 
En ese momento me di cuenta de que entre nosotros no había dioses, sólo creyentes.
Dije: "¿Qué tal?", ella respondió: "Ahora que estás aquí, bien".
Entonces la besé...

puesta de sol en la playa

Lo que sucedió después lo dejo para la intimidad de nuestras calientes montañas nevadas.



martes, 29 de noviembre de 2011

Ojos de cristal, corazón de madera.

Es duro, es duro verte cometer los mismos errores que ayer. 
La experiencia no te enseña, y el dolor ajeno no te frena.
Y por mucho abrir los ojos, no ves.
Ojos de cristal, corazón de madera. 
Tus sentimientos, confusos, confundidos. 
¿Qué es bien, qué es mal?
¿Marcar el rumbo, o dejarse llevar?
Pues ni marcar, ni ser pluma y volar.
Sentir, valorar...
No quieres verla, es duro que te digan la verdad. 
¿Marcar el rumbo, o dejarse llevar?
Navegar o derivar. 
Primero zurda y luego diestra.

Excusatio non petita, accusatio manifesta.



barco de vela en el mar



lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Es este el camino que debo seguir?

Agobiado de la nada. Pasota. Necesitaba más y no sabía dónde buscarlo. Necesitaba sonreír de nuevo. Y por fin aprendí a trucar la brújula de mi destino.
Los errores nos hacen más fuertes, pero sólo si nos percatamos de ellos a tiempo. Y como dueños de nuestro tiempo, somos poderosos.
Partimos de la soledad para conseguir estar acompañados.
Partimos de la nada, para conseguir lo que queremos. Y para conseguir lo que queremos debemos buscarlo.
En ocasiones siento una impetuosa necesidad de cambiar mi rumbo. 
Y entonces, incluso cuando elijo ir con el viento en contra, me siento capaz de avanzar. Y es que soy capaz.
Pues el combustible de mis pasos es la felicidad. Y no hay mejor felicidad que aquella por la que se ha luchado. 
Pero cuando noto que algo no va bien, paro, pienso, y si siento que no estoy en el buen camino, lo cambio.  Para elegir bien el camino debemos buscar las señales que nuestro interior esconde. 


La libertad de poder elegir nuestro camino no implica felicidad, pero la felicidad si que implica haber elegido bien nuestro camino. 






Si no te sientes como crees que deberías, para y piensa: ¿Es este el camino que debo seguir?