El agua ahogaba nuestros pies al compás de las olas,
son las huellas los recuerdos, que tras nosotros…
No hay cobardía en el andar, no hay pasos en falso,
nunca estamos a solas.
Hacemos dos huellas por paso, paso a paso.
Un paso, de pasar, de las huellas que queden atrás.
Pues no hay viento capaz de despeinar nuestras sonrisas,
no hay marea capaz de derrumbar nuestro deseo.
Pasamos del qué dirán, pues lo que digan no nos dice nada.
Supongo que hablamos otro idioma,
idioma que no entiende de razones por encima de emociones.
Equivocados o no,
caminamos,
apoyados en lo único que conocemos.